Amor por obra y servicio

Melanie Griffit y Antonio Banderas se acaban de divorciar. La excusa perfecta para escribir sobre el amor. Yo tengo un punto de vista muy visceral y pesimista, resultado de las experiencias vividas y de las lecturas engullidas al cabo de los años. Pero no siempre ésto fue así.

Considerando mi afición enfermiza por la lectura, he de puntualizar que he leído de todo, absolutamente de todo desde que era muy pequeña. Entre ese “de todo” se encontraban, a parte de libros, revistas, cómics, tebeos, novelas y fotonovelas…si, fotonovelas. Todo este material era muy variado en los quioscos de los años 80, los años de mi esplendor adolescente. Pero me voy a detener en las fotonovelas. Un género que ahora yo considero un absurdo diseñado para mentes muy poco analíticas, pero que a mi  me fascinaban. Sus páginas a todo color y las fotos de unos modelos posando en posturas ridículas y con un “bocadillo” dibujado en sus labios con frases que conformaban el guión de la novela. No hace falta mencionar que  la historia que ahí se  contaba era una increíble trama de amor al estilo culebrón venezolano, de esos que alienan las mentes, según estudios empíricos de teorías de la comunicación. Y lo peor de todo es que yo me creía esas historias. Estaba en las antípodas de lo que ahora considero una lectura enriquecedora creadora de opinión.

Lo bueno de evolucionar (me niego a pronunciar “hacerse mayor”) es que vas aprendiendo, te vas haciendo menos crédula, menos confiada y menos impulsiva. También pierdes la frescura y el optimismo, sobre todo dejas de creer en las absurdas historias de amor, de amor eterno, sobre todo. Cuando lees a Freud, el padre del psicoanáisis, comprendes cómo nuestros impulsos amatorios nos han sido coartados para poder vivir en sociedad y que el enamoramiento es un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa al sistema endocrino y se transforma en respuestas fisiológicas y cambios químicos ocasionados en el hipotálamo mediante la segregación de dopamina.

Después vienen las experiencias vividas, las crueldades del destino. Esas amarguras del desamor o  las traiciones de tus semejantes que te envuelven el corazón con una coraza impenetrable. Dejas de sufrir, pero la coraza sigue ahí, para que lo recuerdes y nunca más creas en el amor más allá de los cuatro primeros años de inusitada emoción constante, la que dicen los expertos que  es la suficiente para la procreación.

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No me sorprende pues el divorcio del “El Zorro” y de la secretaria de la fantástica  “Armas de mujer”, fieles  a las estadísticas de que el enamoramiento es por obra y servicio, y que el amor para siempre es solo para unos pocos afortunados que no hayan leído a Freud.

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2 comentarios en “Amor por obra y servicio

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