Historia de una estudiante atípica

Dentro de tres meses me gradúo en periodismo y tengo más de cuarenta. Fruto de decisiones que llevan a una a seguir atada a los estudios, esos que empecé cuando comenzó  mi crisis particular, una crisis como la de cualquier persona en cualquier lugar.

Yo era una más de esas mujeres inquietas que se preguntaba qué era yo aparte de una cocinera, enfermera, costurera, psicóloga, cuidadora y muchos etcéteras más. También una lectora empedernida y amante del cine, del cine raro, de ese en blanco y negro subtitulado. También trabajaba fuera de casa en el comercio, por lo que soy una excelente charcutera (puedo cortar un jamón en lonchas muy finas y trocear un queso entero en trozos que pesen exactamente 250 gramos, entre otras cosas). Por todo esto pensé que mi vida resultaba muy estresante, pero poco divertida.

Imagen

Entonces pensé (yo siempre estoy pensando en hacer algo) en ponerme a estudiar, algo que no pude realizar por circunstancias de la vida. Me matriculé en la Escuela de Adultos de mi ciudad y pasé un año preparando una simple prueba de Graduado en ESO, ya que el título que me dieron al acabar la escuela hacía lustros, carecía de validez.  En ese año conocí a gente maravillosa y descubrí el mundo de la educación, o sea, de asistir a clases para aprender. Me saqué el título con muy buena nota. Tras esa experiencia y animada por los profesores, continué otro año más hasta conseguir otro título de Acceso a Formación Profesional Superior. Volví a aprobarlo con buena nota mientras continuaba trabajando y ocupándome de dos adolescentes, lo que ya suponía otro añadido estrés mental.

Una profesora de Historia a quien nunca olvidaré me animó a entrar en la universidad ante mi asombro e insistió en que siguiera en las clases para obtener un título de acceso ya que estaba inmersa en los estudios y el cerebro acostumbrado, pero yo lo veía imposible y  no tenía esperanza de superarlo. Aun así, me volví a matricular motivada por la presencia de profesores muy válidos que me animaban constantemente y me enseñaban a aprender, a no ponerme límites, a no desfallecer, porque estudiar es algo complicado para las que dejamos los estudios a temprana edad.  Leer libros constantemente y realizar ejercicios durante cada día, incluso cada noche mes a mes era  muy duro para mi porque tenía que trabajar y atender unos hijos. Alentada por los docentes, como digo, continué estudiando un año más, preparándome junto con otros compañeros para los exámenes de las pruebas de acceso para mayores de 25 años de la universidad.

He de puntualizar que durante ese curso conocí a unas buenas amigas, un nuevo grupo de personas con mis mismas inquietudes  y empeño en conseguir sus sueños, unos sueños comunes donde no importaba la edad. Ese año comencé a creer en mi un poco más cuando aprobé el acceso con una nota que me permitió matricularme en la carrera que elegí, que es Periodismo.

Una nueva vida se abría ante mis ojos, un nuevo mundo, el de las clases, las bibliotecas, las conferencias, los seminarios, los compañeros, todo lo que yo hubiese querido hacer en plena juventud, pero no pude. El destino me tenía preparado un nuevo modo de vivir, una situación que me gustaba, pero que me iba apartando cada vez más de mi vida anterior, la vida de la ignorancia, de la comodidad, de la rutina, de la vida casera y simple.

Y así es como me inicié en este mundo universitario, que me fascina. Comencé un trabajo inmenso, pero gratificante, en el que tenía que demostrar día a día que yo valía para esto, eliminando miedos: el de la edad, el de mi falta de preparación y el de mi inseguridad. No obstante, cada día me demuestro a mi misma que toda lucha tiene su recompensa. No pienso en el futuro, no desespero en analizar si me servirá de algo tanto estudio, tanto cansancio, tanto esfuerzo. El desánimo me visita de vez en cuando, la impotencia ante las injusticias, los desafíos del gobierno de turno, la incomprensión de los demás, de personas que quieres y que  no entienden esta nueva forma de vida.

He dejado muchas cosas y a muchas personas en el camino, pero he encontrado otras maravillosas, de mi edad, más jóvenes y más mayores, con mis mismas inquietudes,  y me he demostrado a mi misma que soy más fuerte de lo que creía. Y aquí sigo, alimentando mi sueño, hasta que pueda, sin pensar en el mañana, tan solo dando pequeños pasos que me lleven a donde siempre he querido llegar: a un lugar fuera de la manada.

Anuncios

3 comentarios en “Historia de una estudiante atípica

  1. Carmen, nunca he tenido dudas pero ahora al leer esto menos todavía, llegarás adonde te propongas y yo estaré allí contigo, por supuesto “fuera de la manada”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s