Caminos

Seguimos caminando, no podemos hacer otra cosa. Mientras pasamos del verano al otoño y del otoño al invierno y del invierno a la primavera, caminamos. Somos  jóvenes, luego maduros, y seguimos adelante.

No hay nada peor que detenerse en medio del camino. Avanzar, eso es lo que hay que hacer. Aunque los caminos se bifurquen y la senda sea escarpada. Las cosas cambiarán, no hay nada peor que lo cotidiano. Algunos amigos se irán y otros aparecerán ante nosotros para ayudarnos. Siempre es así y siempre lo he creído. Mi experiencia me ha demostrado que no hay que tener miedo a perder a personas que pasan por tu vida, a veces por unos años, unos meses e incluso unos días tan solo. Todas te ayudan en algo, todas, en algún momento aparecen y te confortan o te abren una senda que creías cerrada. Cualquier persona amiga está ahí para ti, al igual que yo he estado ahí para toda y cada una de las personas que me he ido encontrando.

Hay etapas en las que aparece alguien que te remueve el alma, que lo es todo para ti, que es tu mitad perdida. Alguien que hace que tu vida parezca diferente, como pintada de rosa, aunque solo esté contigo un tiempo definido. Ha estado ahí para que llenaras tu ciclo, es así, lo he descubierto. Te ha ayudado y la has ayudado, ha formado parte de la película que es la vida. Algunas personas han permanecido contigo muchos años, para luego diluirse, sin que sepas muy bien por qué. Otras te  han ayudado a encontrar una pieza del puzzle  y luego se han marchado. A veces otras siguen a tu lado desde siempre, las que están ahí, suelen ser pocas, pero las más importantes.

Yo he encontrado mucha gente maravillosa a lo largo de mi  camino en esta vida, nadie me hizo más daño del que yo me dejé hacer, pero los que me dañaron, encontraron mi perdón. Hay personas que ya no están y aunque el contacto físico es fundamental, su alma es más real, permanece por siempre dentro de uno. Son personas que han pasado por tu vida y que nunca podrás olvidar, y que cuando las recuerdas lo haces con una gran sonrisa en el rostro y una pequeña melancolía. Pero no pregunto ya el porqué, no pienso detenerme a pensarlo. Tengo que seguir caminando.

camino

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