Ya está aquí.

El gasto familiar se dispara al llegar la Navidad.  Se ha conseguido instaurar en las cabezas de los consumidores un principio: celebrar la Navidad requiere ineludiblemente ir de compras, según afirman  Ecologistas en Acción.  Esta es una de las batallas difícil de ganar, la de no consumir más de la cuenta. De  ellos y todos los que nos encontramos inmersos , sin quererlo,en este despropósito, que son las fiestas navideñas.

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Navidad y sus días de comidas y cenas familiares y de empresa ( afortunados los que dispongan de empresa), regalos, viajes y demás gastos que solo se permiten en esos días, aunque luego nos pasemos el año renegando por la subida de la gasolina, los libros del colegio y la falta de becas.

Centros comerciales abarrotados de familias comprando alimentos que durante el resto del año evitan: jamones de recebo, gulas, langostinos, caviar, mojama, vinos caros, cava, dulce, polvorones, turrones, mazapanes, y así un largo etcétera . Por no hablar de los regalos que estos días  se convierten en obligatorios.

Sería tirar de demagogia el decir que ya nadie concibe la Navidad como lo que realmente es, una conmemoración del nacimiento del hijo de Dios, que es lo que piensan los verdaderos cristianos, los que realmente viven estas fiestas como lo que son, fiestas de belenes, paz, amor y de invitar a un pobre a la mesa el día de Nochebuena.

Pero  son muchos los cristianos que tiran de un consumo desorbitado,como si hubiese que celebrar en realidad la llegada de nuevo del Niño Jesús , que por otro lado, nació con una pobreza ya instaurada desde su nacimiento en un pesebre, sin tener constancia de que se sirviera ninguna clase de ágape en tal inusual lugar habitado por animales únicamente (aunque en su libro el  Santo Padre  alegue que la mula y el buey nunca hicieron acto de presencia en el establo, y si el Papa lo dice…).

Es demostrable, pues, que ni siquiera los más fieles al  portal de Belén, la estrella, los Reyes Magos y los pastores, se resisten a no consumir más de la cuenta en estas fiestas. Todos caen rendidos al gran mercado del consumo, consumir por consumir, gastar por gastar, incluso en esta lamentable crisis todo el mundo gastará algo más de la cuenta, para pertenecer al mismo redil, no vaya a ser que lleguen los suegros a casa y no tengan un buen jamón Navidul que llevarse al gaznate.

Por oto lado, qué decir de los más consumistas: los niños. Bueno, ellos no tienen la culpa, “es la sociedad”, dicen sus progenitores. “No hay que pedir más de diez regalos, niños,que hay muchos para repartir y hay crisis”, “Es la sociedad consumista, si no se lo compras, le haces diferente a los demás y  es Navidad…”.

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Que miedo, “diferente”…porque si  ser diferente es, según los que siguen el rol de la Navidad, no comprar regalos y dedicar una tarde en decorar postales y escribir unas letras a todos los que amas, no consumir alimentos que doblan su precio esos días, decorar la casa con plantas y no con absurdas guirnaldas, compartir tus cenas con alguien que sepas que se encuentra solo en esos días, llamar a amigos que no ves desde hace tiempo, jugar con los niños de la casa , estar con ellos, contarles cuentos, dedicarles tu ocio, preparar comidas sencillas para tus hijos o tus padres, yo quiero ser diferente.

Por eso, como no creo en la Navidad  ni  en  que un día nació un salvador de una madre virgen, es lo que intentaré hacer durante esos días, para practicarlo el resto del año.

Por Carmen Sánchez Giménez

Fuentes:

Ecologistas en acción

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